"Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización" Carl Sagan.


lunes, 10 de julio de 2017

Mi filosofía (hasta ahora) I: La naturaleza del mundo

Por fin, he terminado todas las materias de mi carrera. Ahora me encuentro elaborando mi tesis (un poco más lento de lo que tenía planeado en realidad, debido a algunos problemas personales) en la que trataré de establecer los fundamentos para la filosofía de la pseudociencia como rama independiente de la epistemología. Tal vez pronto podamos hablar más del asunto, pero por ahora me gustaría ofrecer algunos de mis puntos de vista sobre lo que un filósofo debe saber sobre la filosofía, la cultura, la naturaleza, la mente y el propio ser humano. La idea de hacer una serie expresando mi filosofía hasta el momento (sí, aún tengo pendiente terminar el top sobre mitos de Hitler, lo sé) es algo que el filósofo de la ciencia, Massimo Pigliucci, hizo hace unos cuantos años, y retomo su idea para hacer la mía (vea aquí y aquí la serie de Pigliucci). Reconozco que nada de lo que escribiré aquí es absoluto. Tal vez, con más estudios futuros, pueda llegar a cambiar mi opinión sobre ciertos temas o corrija y aumente algunos detalles. Eso el tiempo lo dirá.

Aunque ahora soy egresado de la carrera de filosofía (y próximamente licenciado), lo primero que debo confesar es que, aún con el título en la mano, me negaré a denominarme a mí mismo filósofo. Tal vez licenciado en filosofía, y a lo mucho, especialista en filosofía de la ciencia (y la pseudociencia), pero no puedo llamarme a mí mismo filósofo, por lo menos no en el sentido más técnico de la palabra. Expliquemos por qué, junto a algunas observaciones iniciales sobre ciertos problemas fundamentales de la filosofía, ¿les parece?


La naturaleza de la filosofía (o el oficio del filósofo)


Todos somos filósofos y todos filosofamos. Eso es algo que aceptaremos si entendemos por filósofo la persona que se pregunta sobre problemas filosóficos, que se maneja bajo principios filosóficos o que los enseña (a veces sin saber que enseña problemas o principios filosóficos). Es decir, todo ser humano promedio que posee todas sus facultades mentales y que vive en sociedad. Obviamente, con esa definición no tiene ningún sentido hablar de una carrera en filosofía. Pero también hay una definición técnica o académica para filósofo. Aquella persona que realiza investigación rigurosa sobre problemas filosóficos, es considerado filósofo.

Un filósofo está correctamente instruido en filosofía, obvio, pero también debe estarlo en muchas otras áreas: historia de la filosofía, lógica, retórica, idiomas, cultura. Más aún, en la actualidad, los filósofos profesionales suelen ser especialistas en algún área particular de la investigación filosófica (algo parecido a lo que ocurre en las ciencias). Así, tenemos especialistas en filosofía de la ciencia, filosofía política, filosofía de la religión, filosofía moral, filosofía de la matemática, etc. A diferencia de los especialistas en un campo dentro de la ciencia, un especialista en algún campo de la filosofía también sabe, aunque sea un punto más allá de lo básico, sobre otros campos de la filosofía y la cultura en general, ya que el filósofo se ocupa de mirar en conjunto, cierta actividad. Por ejemplo, un filósofo de la biología que se respete, no puede ignorar áreas como historia y sociología de la biología, como tampoco ignora los problemas más generales de la filosofía de la ciencia; al mismo tiempo, conoce las relaciones y disputas que conectan su área de estudio con otras como la filosofía de la religión, la filosofía moral o la filosofía política. Si se trata de un profesional que aspira a ser riguroso también conoce los formalismos de la lógica-matemática aplicados al análisis filosófico. Y obviamente, no podría ser un filósofo de la biología calificado si ignora la biología misma, así como la divulgación científica del tema.

Aunque es muy común encontrar titulados (a veces hasta con doctorado) en filosofía que son pedantes, flojos y mediocres, alguien que se quiera llamar filósofo de x, deberá tener un conocimiento sistemático de su área de estudio, y eso implica saber incluso de otros campos. Es por eso que, pienso yo, en el mundo actual hay pocos filósofos y muchos titulados en filosofía que cobran solo por saberse de memoria los libros de un autor muerto hace docientos años (o más). Lo segundo es muy fácil, se consigue igualmente el título, y se cobra igual o mejor que el primero, y sin tanto esfuerzo. Lo primero muy probablemente requiere décadas de estudio, investigación e incluso práctica. Y es por eso último que no puedo considerarme filósofo, porque aún me faltan años de preparación. Seré un licenciado en filosofía con especialidad en filosofía de la ciencia, lo que significa que estoy mejor calificado (supuestamente) en esta materia que cualquier otro que no haya tomado tal especialidad.

En nuestros tiempos, por desgracia, muchos que desconocen el oficio del filósofo desprecian el campo, creyendo que solo se trata de reflexionar y debatir (¡y eso todo mundo lo puede hacer sin título alguno!). Gran parte de ese desprecio está justificado gracias a que dentro de la academia se permite la simplonería, el oscurantismo y la mediocridad que se hacen pasar por estudios filosóficos. Pero ese es un problema interno de la filosofía como disciplina académica (humana) que debe combatirse, no una razón para matar a la filosofía. Es triste sobre todo ver que ese desprecio venga de parte de algunos de los principales difusores del conocimiento científico, tales como los divulgadores Stephen Hawking, Lawrence Krauss, Neil deGrasse Tyson o Bill Nye. La antifilosofía tal vez no sea tan dañina para la sociedad en general, como lo es la anticiencia o la tecnofobia, pero es igualmente falsa, y por tanto, potencialmente dañina también, más para la creación de una auténtica sociedad del conocimiento que cuente con una cultura científica completa y, por tanto, con ciudadanos responsables que sepan darle el mejor uso a la ciencia y la tecnología para el progreso de la sociedad.

Los campos del conocimiento. Cuadro expuesto en Pseudociencia e Ideología, de Mario Bunge.

La antifilosofía deriva, en parte, de la ignorancia. Se ignora qué es la filosofía y de qué se ocupa (si es que se ocupa de algo, para empezar). Un filósofo profesional tal vez puede tener todos los conocimientos de todo lo ya comentado, pero, ¿y eso para qué sirve? ¿Qué ayuda a entender con eso? La filosofía, como ya se dijo, es un campo de estudio, una disciplina académica, o, como prefiero llamarle, un campo de investigación. Los seres humanos producimos y usamos conocimiento, y tenemos distintos modos, métodos, objetivos y razones para producir y usar conocimiento. Estos se dividen en lo que llamamos campos del conocimiento, los cuales a su vez, los podemos dividir en dos grandes áreas: los campos de creencias y los campos de investigación.

Existen cientos de campos de investigación, pero los que identificamos como los "modelos" son la ciencia, la tecnología, la lógica y la matemática, y la filosofía. Estos campos producen conocimientos sobre distintos objetos de estudio a partir de la investigación, y en todos, también se llega a encontrar aplicación al conocimiento obtenido (aunque no sea ese el objetivo principal de todos los campos de investigación). Los campos de creencias, como las ideologías políticas, las religiones, las pseudociencias, pseudotecnologías y pseudofilosofías, hacen uso de ciertos conocimientos, aunque no suelen ser producto de la investigación y no suelen ser conocimientos verdaderos tampoco, y para tales campos esto no es importante. Lo importante es que con el uso de tales conocimientos se aplique, persuada o adoctrine a un sector de la sociedad. Entre más grande, mejor. A veces, esto se hace aplicando conocimientos verdaderos junto con argumentos correctos tanto lógica como judicial y moralmente, como pasa en ciertas ideologías políticas (como en la democracia, por ejemplo), pero otras veces, solo se busca obtener la mayor cantidad de compradores y/o adeptos, como en pseudociencia y religión (la homeopatía, la parapsicología o el cristianismo, son grandes ejemplos de ello), importando poco si la investigación en ciencia es contraria a lo que se está vendiendo.

En todo este mar de campos de investigación, la filosofía se ocupa del estudio de los problemas y principios generales inherentes a otros campos de la cultura humana (no solo del conocimiento). Es decir, lo que busca un filósofo de la biología es saber qué clase de principios generales (hipótesis filosóficas) se maneja en una investigación dentro de la biología. Qué clase de principios y conceptos se dan por válidos para realizar investigación, y por qué no otros tipos de principios y conceptos. Los problemas filosóficos pueden dividirse en grandes grupos definidos claramente: problemas ontológicos o problemas sobre qué clase de entidades existen y cuáles no; problemas semánticos o problemas sobre qué significan ciertos conceptos dentro de un campo y por qué no significan otra cosa; problemas metodológicos o problemas sobre qué clase de métodos usar para estudiar un objeto de estudio x o por qué no otros métodos; problemas lógicos o problemas sobre la estructura coherente de lo que se afirma dentro de un campo (hipótesis, teorías, teoremas y/o leyes); problemas axiológicos o problemas sobre qué valores se toman en cuenta y por qué no otros; problemas éticos o problemas relacionados con el bien o el mal que puede causar la actividad o el campo x tanto a nivel individual como social; y problemas estéticos o problemas sobre qué clase de sensaciones (de lo bello o lo grotesco, lo gracioso o lo aburrido) produce cierto campo o actividad.

Todos estos son problemas legítimos porque son problemas reales que se pueden encontrar en toda actividad humana. Su estudio es capaz de producir conocimiento sobre cómo resolverlos, cómo son y por qué se tienen estos y no otros tipos de problemas dentro de las actividades y campos humanos. Por lo tanto, se requiere de un campo de investigación que se ocupe de su estudio. Y resulta que la filosofía se ocupa de ello. Muchos lo hacen mal o no lo hacen en absoluto, a pesar de contar con título en filosofía, pero es lo que se busca hacer si de verdad se quiere ser un filósofo y que tenga aporte algún granito de arena al bienestar social. Usualmente se mira a la filosofía como una actividad contemplativa, pero esto, creo yo, debería ser cosa del pasado. La filosofía busca producir cierto tipo de conocimiento, haciendo uso de herramientas como la lógica-matemática, el fondo de conocimientos científicos bien contrastados y la teoría de la argumentación (una propuesta filosófica con estos componentes se le puede llamar filosofía científica). Hoy también se habla de la filosofía experimental como aquella que nutre las distintas ramas de la filosofía con conocimientos obtenidos a partir de experimentos, poniendo a prueba ciertas hipótesis filosóficas que suelen ser aceptadas por la mayoría.

Así pues, es a eso a lo que me quiero dedicar. Es a esto de lo que hablo cuando aseguro que la filosofía es importante y tiene una función social igual que todos los campos de investigación. Por ahora, limitémonos a algunas observaciones sobre algunos problemas interesantes sobre cómo el ser humano conoce sobre el universo y sobre sus propios campos de ayudan a conocer el universo, hasta donde puedo entender esto.

La naturaleza del universo (y cómo sabemos algo del universo)

Probablemente el proyecto más ambicioso del ser humano sea el de entender el universo (el segundo proyecto, seguramente, es entender a las mujeres). Este problema ha sido abordado desde el mito, la teología, la ideología, la filosofía y la ciencia. El mito y la teología solo lograron aportar poéticos y épicos escenarios de creación, propósito y final del universo, pero no han logrado ofrecer explicaciones sobre qué es, cómo funciona, cómo se originó (si es que tiene un origen). Las ideologías y sistemas filosóficos han descrito algunas características del universo y cómo el ser humano es parte de éste. Algunas brindan explicaciones que, usualmente, son consistentes con algún dogma político o religioso (por ejemplo, el sistema tomista de la Edad Media, o la ideología marxista que tantos aman u odian, pero nunca ignoran). Pero ha sido a través de la ciencia que hemos llegado a producir conocimientos rigurosos, verdaderos y coherentes sobre el universo.

Con mito y teología se hicieron historias fantásticas sobre el por qué llueve. Con ideologías se conjeturó que la lluvia existe quizá para servirnos. Pero con la investigación científico conocemos hoy día el ciclo del agua, en el cual la lluvia es un fenómeno natural que se guía por patrones, o como también las llamamos, leyes naturales que se dan por inmutables. El universo, como alguna vez lo dijo Carl Sagan, es todo lo es, todo lo que fue y todo lo que será. Esta es solo una manera poética para decir que por universo entendemos el sistema de todos los sistemas existentes. Un sistema es un objeto constituido por varias partes, las cuales se encuentran relacionadas entre sí. Todo sistema posee propiedades no reducibles a sus partes, lo que tampoco significa que no se puedan estudiar sus partes de manera individual. Si prestamos atención a todo lo que nos rodea, nos daremos cuenta que todos son sistemas o sistemas de sistemas, es decir, objetos (sean concretos o conceptuales) complejos no reducibles a sus partes con propiedades específicas, que hacen que los podamos reconocer y distinguir de otros objetos. La computadora o celular donde está leyendo esto, el auto que tiene estacionado en su cochera o usted mismo es un sistema compuesto por otros sistemas. Cada sistema posee un nivel de organización y complejidad. Y todo sistema material es un componente del sistema que llamamos universo. Hay que notar que, en todo esta breve definición de lo que es el universo, no aparece elemento sobrenatural alguno. Los sistemas de los que está compuesto el universo son sistemas materiales (naturales, sociales, técnicos o semióticos) o conceptuales (como los sistemas hipotético-deductivos, los sistemas de valores o los sistemas legales). No existen los sistemas sobrenaturales o de existir,  al no interactuar con nada, por tanto, sería imposible llegar a saber algo de ellos. Todo lo que usualmente se dice es manifestación de un fenómeno sobrenatural que haya sido investigado hasta el día de hoy, es posible explicarlo en términos de fenómenos naturales o sociales.

El universo, como todo sistema, posee propiedades específicas (como bien las enlista el Diccionario de filosofía, de Mario Bunge): es único y posee existencia propia, no está situado entre dos cosas; no interactúa con nada más; ocupa todo el espacio y (por lo menos) su parte conocida se está expandiendo. Para estudiar un sistema de sistemas tan enorme como es el universo (recuerde, es el sistema de todos los sistemas existentes, o sea, todo sistema conocido y por conocer es un componente del universo) se requiere de la investigación científica multidisciplinaria, donde se investiga desde lo más basto (el universo visible, más de 13, 000 millones de años luz de distancia, objeto de estudio de la cosmología) hasta el más pequeño de sus componentes (las partículas elementales, objeto de estudio de la física de partículas y la física cuántica). En medio de esto se encuentra todo el abanico de objetos de estudio de todas las ciencias: las galaxias, las estrellas, los planetas, la tierra, los gases, los líquidos, el clima, la radiación electromagnética, los minerales, la vida, las especies, las sociedades, las mentes y las culturas. Todos los componentes del universo son susceptibles de investigación, descripción y explicación, gracias a que todo en el universo, según las hipótesis filosóficas del realismo, el emergentismo y el legalismo, son cognoscibles al seguir leyes naturales, las cuales somos capaces de comprender mediante la creación de teorías científicas.

Si el objetivo de las ciencias es el estudio de todos estos sistemas concretos, y la ciencia, al ser un campo de investigación (o sea, un tipo especial de actividad humana), significa entonces que la ciencia misma es un tipo de sistema social, y por tanto, susceptible de investigación. Es por eso que también existen "ciencias de las ciencias", o metaciencias, las cuales investigan y producen conocimiento sobre cómo y por qué funciona la ciencia. Las más famosas son la psicología, la politología, la sociología, la historia y la historiografía de la ciencia, las cuales investigan el contexto cultural en el que se desarrolla la ciencia como actividad; la relación de la ciencia con otras áreas, sean la tecnología y la ingeniería o la política y la religión; se investiga el tipo de conducta individual y colectiva que genera el ser parte de la comunidad científica, qué clase de valores se sostienen para que la comunidad se mantenga unida y pueda existir en una sociedad dada, y cómo los conocimientos, principios, valores y métodos practicados dentro de la ciencia influyen también a los miembros de la sociedad que no forman parte de la comunidad científica. La filosofía de la ciencia, aunque a menudo se coloca dentro de las metaciencias, no es propiamente una ciencia, sino un campo de investigación independiente que se nutre también del conocimiento obtenido de las metaciencias.

La ciencia es una actividad humana especial. La humanidad es un componente más del universo. Y por tanto, así como la humanidad es objeto de estudio de ciertas ciencias (las llamadas ciencias sociales), la ciencia misma es objeto de estudio científico también, tratando de comprender su propia naturaleza.

En la siguiente parte mostraré "mi filosofía" sobre la naturaleza de la ciencia, así como la de su antagonista, la pseudociencia.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

Fundamentos de filosofía, de Bertrand Russell, Editorial Debolsillo.

* A la caza de la realidad, de Mario Bunge, Editorial Gedisa.

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